martes 9 de diciembre de 2008

Mi primer pasajero. Pincha para escuchar el audio basado en este texto



No necesito que nadie me mire, ni me escuche, ni me ame. No necesito que nadie camine a mi lado, se caminar solo. Ni necesito que nadie me sueñe. No necesito ser necesitado, ni necesito que me necesiten. No necesito necesidad, no necesito una enfermedad. Alimento mi soledad, mi omnipresente soledad, mi mejor sociedad.

Soy un hombre de mi tiempo y vivo en consecuencia. Si me solicitas, no puedo. Si me recomiendas, no quiero y si me dices, no estoy. Individualista, egocéntrico y narcisista. Onanista y egoísta. Así soy yo. Oscuro. Rebelde. Triste, muy triste.

Sin embargo, no solo de carencias vive el hombre, así que tal día como hoy decidí agarrarle la mano a una mujer. La sensación inicial no fue agradable. Hube de acompasar mi marcha a una inusual y angustiosa parsimonia. La textura áspera de su mano me producía aversión. Su aspecto, compasión. Aguanté por convicción, por la poderosa conclusión que de todo este suplicio resultaría en no tener que volver, jamás, a tener que agarrarle la mano a una mujer. Y ese día llegó. Y yo no la solté.

Mi tiempo cobró sentido. Me descuidó la soledad y me abrazó la necesidad. El amor me bautizó en una nueva vida, sublime y divina.

Así de feliz era yo hasta que caí gravemente enfermo.

Sentí un dolor terrible en el abdomen, un dolor nunca y siempre antes sentido por ningún ser de este u otro planeta. Una cruel descomposición de adrenalina, pasión, cariño, ansiedad, angustia y aflicción. Era como un nacimiento en mi interior.

El médico me diagnosticó hipocondría y me recetó indiferencia. No me ayudó. Acudí a un intrépido cirujano, que tras mirar pausadamente mi vientre, pidió permiso para entrar. Adelante doctor. Acomódese.
Lo que allí aconteció después pasará a los anales de la historia, y la magia. De mi desorbitado estómago brotaron miles y millones de exóticas mariposas que organizadas en columnas dibujaron un excepcional mosaico de luz y de color. No para cirujano y ayudantes, que confundidos pero horrorizados, abandonaron la estancia. Yo permanecí rígido, inmutable. Anestesiado. Las mariposas tomaron serenamente el dormitorio y todo lo que habitaba en él.

La luz tornó en oscuridad. Poco a poco cubrieron mi cuerpo, y se alimentaron de él. Devoraron todo rastro de humanidad. No dejaron indicios, ni siquiera de ausencia.
Así es como volví a ser bautizado. En la más absoluta soledad. Enfermo, sin necesidad.

Engullido por mi propio amor.

viernes 26 de septiembre de 2008

Mi primera familia. Pincha para escuchar el audio basado en este texto.




Oigo voces. Tres personas distintas que conversan incesantemente en el interior de mi cabeza. Las voces de tres extraños que definen y evaluan cada uno de los pasos que doy, que absorven cada uno de mis pensamientos y motivan cada una de mis decisiones. Manejan mi vida.

Un hombre adulto, de voz grave y formas exquisitas. Sólo hablará para censurarme. Todo lo que hago le parece mal, o en algunos casos, fatal. Para él mi comportamiento es siempre indecente e imprudente. Para él yo debería ser mejor persona y renunciar a lo que verdaderamente soy porque para él, yo nunca debí haber existido.

Frente al hombre adulto una mujer de mediana edad, apasionada. Extrovertida, extravagante, descontrolada. Cada vez que habla grita y cada vez que grita molesta. Para ella todo lo que hago o digo tiene sentido. Para ella todo lo que hago o digo es libertad porque para ella, yo soy una valiente lucha contra todos aquellos que reprueban lo que hago o lo que digo.

El último un niño de ocho años. Él en realidad ha hablado una vez. Fue para saludarme, para decirme que le gustaba estar en el interior de mi cabeza, que era un bonito lugar. Te lo agradezco mucho y siento el desorden, creo que no has escogido un buen lugar para quedarte. Buenas noches y. .. dejó de hablar.
Pasaron los días, los meses y los años. No volví a escucharle. El hombre y la mujer siguen ahí, al acecho.
Él con una escopeta de caza escondido, esperando a avistar en el cerebro el más leve impulso de decisión para vaciar el cargador. Ella con un bate de aluminio al hombro, paseando y asegurandose de que nada ni nadie pueda influir en cualquiera de mis iniciativas. Porque soy un individuo independiente, porque ella está ahí para hacermelo saber. ¿Y el niño, dónde está el niño?. Lo extraño, es el único que me agrada.

Creo que ha vuelto, pero no parece él. "Buenas noches, he venido a despedirme. Me independizo. Ha llegado el momento de que viva mi vida lejos de ellos, de sus normas. Lejos de sus reprimendas, de sus palmaditas en la espalda. Ellos también callarán porque como podrás imaginar, no era a ti a quién intentaban manejar.

Pero no te preocupes. Volveré con los años, cuando me hayas olvidado y cuando ellos hayan muerto. Volveré para recordarte que eres débil y que necesitas control. Que no sabes estar
sólo. Que no sabes ser tú. Mientras tanto, en mi ausencia, procura no echarme de menos".

jueves 10 de abril de 2008

Mi primer viaje. Pincha para escuchar el audio basado en este texto



Al fin lo he conseguido, y es fragilidad. La impresión que doy mientras duermo plácidamente en la penumbra de mi habitación. Al menos es la impresión que yo he tenido al verme.

Creo que he olvidado mi guía del viajero astral en el coche. Estoy algo desorientado y solo tengo una noche. Una noche para ascender a la cima del mundo y descender a las entrañas de la tierra. Una noche para sobrevivir en un océano y naufragar en un antro. Una noche para profanar templos y mancillar lechos, para quemar bosques y sepultar ciudades. Para nacer y morir. Para resolver las cientos de miles de preguntas que me surgen cada día a cada paso que doy. Tengo miedo y me falta decisión, miro al frente y la primera cuestión. ¿A dónde va alguien que no sabe a dónde quiere ir?

Tres horas han pasado ya desde aquello. Decidí que mientras decidía, iba a improvisar, y debe ser este el motivo de que esté cenando enchilada a las 4.30 de la madrugada en La Rumorosa, localidad mejicana de la Baja California. 7.95 la unidad, descuentos especiales para viajeros del tiempo y cuerpos astrales.

Una de las múltiples ventajas de no transportar materia es que no hay fatiga posible. Uno de los inconvenientes, no poder lamentar el cansancio de tan largo viaje. Necesito dar pena… va siendo hora de volver.

Pronto sonará mi despertador y tengo que estar presente cuando eso suceda. En una hora habrá terminado todo, mi viaje, mi sueño, mi vida. Estaré, como cada día en mi puesto de trabajo, sentado frente a un ordenador programado para consumir energía, la suya, la mía, las de toda la ciudad.

Estos y otros son mis pensamientos, cuando, frente a los pies de mi cama, compruebo horrorizado que los pies de mi cuerpo se lo han llevado a otro lugar, antes si quiera de qué suene el despertador. ¿Qué hago?, nadie me puede ver, ¿a quién pregunto? ¿Dónde encontrar a un tipo inconsciente, vacío? En realidad, el mundo está lleno de ellos, pasará desapercibido. Si ves a un hombre con la mirada perdida dale recuerdos. Tal vez me eche de menos.

En cuanto a mi, he puesto un anuncio en el periódico. Cuerpo astral busca cuerpo físico para lo que surja. Interesados, cerrad los ojos, apretad los puños y relajad la mente.

Mi primer día. Pincha para escuchar el audio basado en este texto


Acabo de llegar. Pequeño y viscoso. Ruidoso. Grotesco. Tres minutos de vida y mi primer problema. No estoy bien rodeado.

Descanso en un cuarto oscuro y mugriento mientras observo como tres adultos y dos cosas, mugrientas y oscuras, me veneran sin apenas conocerme. Sus ojos muestran la patética ternura de quién cree tener ante si el rostro de la inocencia. Me dais asco. Y llanto. Pero gracias, por fin consigo respirar...

Mi padre, un ser despreciable. Inmaduro. Inseguro. Violento. Mi madre, viste ropa ajustada y muy colorida. El pelo recogido, la piel tintada. Los dientes ennegrecidos. La sangre, recién derramada. Dos hermanos como dos lunas. Grises. Cubiertos de cráteres. La mujer que me ha tenido y me tiene. La distribuidora. Mañana ya no me sirves.

Hola señora, ¿dónde se cambian las familias?. No imagino que clase de futuro me puede proporcionar este tipo de gente, incapaz siquiera de proporcionarme un presente. Tengo que huir urgentemente.

El ininteligible ruido que emite el megáfono del hospital desconcierta al personal de la habitación 33, mi habitación. Un momento de descuido que aprovecho para saltar y escapar. Vuelo hasta el suelo. Corro y corro, luego ando, termino gateando. He conseguido desplazarme algunos metros, meritorios pero insuficientes para mi propósito. Ante todo dignidad, me giro derrotado y espero mi humillación. Las risas. La mofa. Sin embargo me obsequian con el peor de los castigos. Dulces sonrisas y afectuosas miradas.

Llegados a este punto...