Donde empieza el todo acaba la nada.
Despierto en el interior de una caja. No sé cómo he llegado hasta aquí. La caja tiene una amplitud aproximada de un metro cuadrado y es totalmente opaca, oscura. No consigo encontrar ningún punto por el que poder escapar de ella. Se mueve intermite, sin sentido aparente. Pasan los segundos y mi respiración se acelera, mi cuerpo se engarrota y mi imaginación se dispara. Puedo ver mil formas de locura antes de que llegue el final, pero de momento decido luchar. Nada. No consigo nada. Creo que voy a morir en el interior de un metro cuadrado de nada. Solo. Conmigo.
De repente un brusco movimiento, tal vez un golpe de viento y la caja abierta. Que fácil era. Mis temores se esfuman con la luz del sol, la preciosa luz del sol. Por fin voy a poder salir de aquel claustrofóbico zulo.
La brisa fresca consigue restablecerme. Estiro el cuello y consigo sacar la cabeza. Observo a mi alrededor. Efectivamente, a partir de ahora voy a poder disfrutar de espacio. El incesante movimiento de la caja tenía su explicación. Tenía sentido, el de la corriente. La caja navega solitaria en la inmensidad del mar, y yo dentro.
Han pasado tres días desde que despertara en la caja, sigo vagando sin rumbo y aún no he conseguido intuir presencia de vida humana, de tierra firme. Voy a morir en el mar. Es curioso pero ya no tengo hambre, sed, dolor o calor, el único sentimiento que tengo ahora es el de añoranza. Creo que echo de menos aquel tiempo en el que estuve encerrado en el interior de un metro cuadrado de nada. Solo. Conmigo.
De repente un brusco movimiento, tal vez un golpe de viento y la caja abierta. Que fácil era. Mis temores se esfuman con la luz del sol, la preciosa luz del sol. Por fin voy a poder salir de aquel claustrofóbico zulo.
La brisa fresca consigue restablecerme. Estiro el cuello y consigo sacar la cabeza. Observo a mi alrededor. Efectivamente, a partir de ahora voy a poder disfrutar de espacio. El incesante movimiento de la caja tenía su explicación. Tenía sentido, el de la corriente. La caja navega solitaria en la inmensidad del mar, y yo dentro.
Han pasado tres días desde que despertara en la caja, sigo vagando sin rumbo y aún no he conseguido intuir presencia de vida humana, de tierra firme. Voy a morir en el mar. Es curioso pero ya no tengo hambre, sed, dolor o calor, el único sentimiento que tengo ahora es el de añoranza. Creo que echo de menos aquel tiempo en el que estuve encerrado en el interior de un metro cuadrado de nada. Solo. Conmigo.