Mi primer amigo.
Tengo un nuevo amigo. Mi primer y único amigo. Le conocí hace tres días y ya somos íntimos. Es maravilloso. Los dos tenemos las mismas aficiones, las mismas inquietudes. Hemos estado las últimas 72 horas juntos, cada minuto y cada segundo; no nos hemos separado desde que nos conocimos...
Han pasado ya cinco días desde que conocí a mi nuevo amigo y cada día que pasa nuestra relación es más especial. Pienso que estamos compenetrados al máximo. No es atracción sexual porque tengo muy clara mi tendencia pero sí puede decirse que el cariño que siento hacia él es desproporcionado. Tal vez, seguramente sea porque es mi primer y único amigo...
Mes y medio llevo disfrutando segundo a segundo nuestra amistad. Es increible pero aún no hemos pasado un solo instante separados el uno del otro y lo más soprendente de todo, lo verdaderamente extraño, es que tampoco hemos sentido la necesidad de alejarnos, de descansarnos...
Tres meses. Quiero matar a mi amigo. Miro su cara y me vinen a la cabeza miles de formas de cometer un asesinato, algunas incluso desconocidas. Miro su cuerpo triste, demacrado y sólo puedo pensar en maltratarlo, en utilizarlo como saco con el que consolar mis golpes de odio. En introducirlo en una especie de pulidora gigante y observar sentado junto a él como se descompone suave mientras suplica por su vida, por nuestra amistad única y especial.
No puedo explicar como he transformado la devoción por mi amigo en este odio exacerbado, tampoco me importa. Todas mis energías están puestas en eliminarle...
Han pasado ya varias horas desde el trimestre recién cumplido de nuestra amistad y ha llegado la hora de acabar con esta farsa. Mi amigo me sigue queriendo como el primer día pero eso no importa. Ya no. Estoy muy animado, excitado incluso. Miro a mi amigo con amabilidad y le comento que tiene que morir, es irremediable, necesario. Mi amigo parece no alterarse, intuyo que conocía ya cual era su destino y que por ello lo asume con asombrosa entereza. Tampoco podía esperar menos de él. Todo está dispuesto. Saco el arma que guardo desde mi anterior amigo y se la ofrezco. Mi amigo, que entiende mi gesto la coge, sin titubeos se la aplica en la sien. Su amor por mi hace el resto.
Es una experiencia asombrosa la que acabo de vivir. Creo que ahora mismo no podría ser más féliz. Este precioso momento he de agradecerselo sin duda a mi antiguo amigo. Voy a echarle de menos...
Tengo un nuevo amigo. Mi primer y único amigo. Le conocí hace tres días y ya somos íntimos...
Han pasado ya cinco días desde que conocí a mi nuevo amigo y cada día que pasa nuestra relación es más especial. Pienso que estamos compenetrados al máximo. No es atracción sexual porque tengo muy clara mi tendencia pero sí puede decirse que el cariño que siento hacia él es desproporcionado. Tal vez, seguramente sea porque es mi primer y único amigo...
Mes y medio llevo disfrutando segundo a segundo nuestra amistad. Es increible pero aún no hemos pasado un solo instante separados el uno del otro y lo más soprendente de todo, lo verdaderamente extraño, es que tampoco hemos sentido la necesidad de alejarnos, de descansarnos...
Tres meses. Quiero matar a mi amigo. Miro su cara y me vinen a la cabeza miles de formas de cometer un asesinato, algunas incluso desconocidas. Miro su cuerpo triste, demacrado y sólo puedo pensar en maltratarlo, en utilizarlo como saco con el que consolar mis golpes de odio. En introducirlo en una especie de pulidora gigante y observar sentado junto a él como se descompone suave mientras suplica por su vida, por nuestra amistad única y especial.
No puedo explicar como he transformado la devoción por mi amigo en este odio exacerbado, tampoco me importa. Todas mis energías están puestas en eliminarle...
Han pasado ya varias horas desde el trimestre recién cumplido de nuestra amistad y ha llegado la hora de acabar con esta farsa. Mi amigo me sigue queriendo como el primer día pero eso no importa. Ya no. Estoy muy animado, excitado incluso. Miro a mi amigo con amabilidad y le comento que tiene que morir, es irremediable, necesario. Mi amigo parece no alterarse, intuyo que conocía ya cual era su destino y que por ello lo asume con asombrosa entereza. Tampoco podía esperar menos de él. Todo está dispuesto. Saco el arma que guardo desde mi anterior amigo y se la ofrezco. Mi amigo, que entiende mi gesto la coge, sin titubeos se la aplica en la sien. Su amor por mi hace el resto.
Es una experiencia asombrosa la que acabo de vivir. Creo que ahora mismo no podría ser más féliz. Este precioso momento he de agradecerselo sin duda a mi antiguo amigo. Voy a echarle de menos...
Tengo un nuevo amigo. Mi primer y único amigo. Le conocí hace tres días y ya somos íntimos...