Mi primera experiencia.
En algún lugar del siglo XXI. Camino perdido y solitario en la oscura noche, lejos, muy lejos de mi hogar. A las 3 de la madrugada todas las luces duermen excepto una, el centelleo de un pequeño letrero que anuncia y promete que sólo allí encontraré el paraiso perdido. Tengo frio y entro.
Todas las luces brillan excepto una, se acerca a mi. Cariño, ¿quieres subir conmigo?. ¿A dónde?. Al cielo. ¿Sabes volar?. Sí. ¿En serio?. Sí, sube conmigo, te lo mostraré.Subo con ella, andando. ¿Dónde vamos?. A una habitación, allí estaremos más cómodos. Entro.
Tenía razón, estamos muy cómodos. Me recuesto ligeramente sobre la cama que tiene un aspecto extraño, como ella. ¿Estás preparado?. No, tengo miedo.
Se coloca frente a mi en posición vertical apoyada sobre la punta de sus pies. Me mira fijamente a los ojos.
Parece que va a volar y vuela. Se eleva un centímetro sobre la superficie y permanece levitando poco más de tres segundos. Eternos. Seguidamente y sin previo aviso deja de levitar para caer fulminada sobre el suelo de la habitación que amortigua el golpe con un ruido ensordecedor.
Perdona, ¿te pasa algo?. Sí, está muerta. Seguramente haya muerto por el esfuerzo de levitar durante 3 segundos o por el hecho de haberse abierto la cabeza al caer, pero tampoco tengo tiempo para comprobarlo así que le dejo mucho dinero encima de la cama y me marcho de la habitación extrañamente excitado.
Al bajar, otra mujer mucho más elegante que la anterior me ofrece volver a subir pero yo no lo tengo claro, me niego con rotundidad. ¿Seguro?, puedo hacer lo que tu me pidas. ¿Sabes volar?. Si, sube conmigo y te lo mostraré. Vamos. El mismo proceso, de nuevo fulminada.
Han pasado 3 horas y ya sólo queda un angel en el paraiso.
La ultima,la mujer más bella. Me ofrece subir. No. Piensatelo, puedo hacer cualquier cosa. ¿Sabes volar?. No. ¿Que sabes hacer entonces?. Sé follar. No me lo creo. Te lo demostraré, sigueme. La sigo no muy convencido.
Llegamos a su habitación. Entramos. Observo que encima de una mesa situada en el fondo de la habitación, apoyada contra un enorme ventanal que deja pasar la mínima luz rosada que emite el cartel del exterior, una jaula encierra un precioso gato negro que me mira fijamente. Yo estoy nervioso y muy excitado. La mujer bella camina hacia mi, que estoy recostado sobre la cama a la espera de los acontecimientos, me mira. Se desnuda. Evita mirarme. Se echa sobre mi que sigo incluso más excitado que antes. Follamos. Hacemos el amor salvajemente mientras el gato, inquieto, observa todos nuestros movimientos. Volvemos a follar. Era cierto, no me ha engañado pero lo mejor de todo, lo más sorprendente, es que he disfrutado mucho más que con el resto de mujeres. Eso y que esta mujer aún sigue con vida. Le doy las gracias y alguna moneda, me despido.
Bajo. En el piso inferior no queda ya nadie. Todo permanece en silencio. Me marcho.Desde aquella noche soy cliente habitual de los paraisos perdidos pero he dejado de buscar ángeles con los que volar. Demasiado caros.
Todas las luces brillan excepto una, se acerca a mi. Cariño, ¿quieres subir conmigo?. ¿A dónde?. Al cielo. ¿Sabes volar?. Sí. ¿En serio?. Sí, sube conmigo, te lo mostraré.Subo con ella, andando. ¿Dónde vamos?. A una habitación, allí estaremos más cómodos. Entro.
Tenía razón, estamos muy cómodos. Me recuesto ligeramente sobre la cama que tiene un aspecto extraño, como ella. ¿Estás preparado?. No, tengo miedo.
Se coloca frente a mi en posición vertical apoyada sobre la punta de sus pies. Me mira fijamente a los ojos.
Parece que va a volar y vuela. Se eleva un centímetro sobre la superficie y permanece levitando poco más de tres segundos. Eternos. Seguidamente y sin previo aviso deja de levitar para caer fulminada sobre el suelo de la habitación que amortigua el golpe con un ruido ensordecedor.
Perdona, ¿te pasa algo?. Sí, está muerta. Seguramente haya muerto por el esfuerzo de levitar durante 3 segundos o por el hecho de haberse abierto la cabeza al caer, pero tampoco tengo tiempo para comprobarlo así que le dejo mucho dinero encima de la cama y me marcho de la habitación extrañamente excitado.
Al bajar, otra mujer mucho más elegante que la anterior me ofrece volver a subir pero yo no lo tengo claro, me niego con rotundidad. ¿Seguro?, puedo hacer lo que tu me pidas. ¿Sabes volar?. Si, sube conmigo y te lo mostraré. Vamos. El mismo proceso, de nuevo fulminada.
Han pasado 3 horas y ya sólo queda un angel en el paraiso.
La ultima,la mujer más bella. Me ofrece subir. No. Piensatelo, puedo hacer cualquier cosa. ¿Sabes volar?. No. ¿Que sabes hacer entonces?. Sé follar. No me lo creo. Te lo demostraré, sigueme. La sigo no muy convencido.
Llegamos a su habitación. Entramos. Observo que encima de una mesa situada en el fondo de la habitación, apoyada contra un enorme ventanal que deja pasar la mínima luz rosada que emite el cartel del exterior, una jaula encierra un precioso gato negro que me mira fijamente. Yo estoy nervioso y muy excitado. La mujer bella camina hacia mi, que estoy recostado sobre la cama a la espera de los acontecimientos, me mira. Se desnuda. Evita mirarme. Se echa sobre mi que sigo incluso más excitado que antes. Follamos. Hacemos el amor salvajemente mientras el gato, inquieto, observa todos nuestros movimientos. Volvemos a follar. Era cierto, no me ha engañado pero lo mejor de todo, lo más sorprendente, es que he disfrutado mucho más que con el resto de mujeres. Eso y que esta mujer aún sigue con vida. Le doy las gracias y alguna moneda, me despido.
Bajo. En el piso inferior no queda ya nadie. Todo permanece en silencio. Me marcho.Desde aquella noche soy cliente habitual de los paraisos perdidos pero he dejado de buscar ángeles con los que volar. Demasiado caros.