sábado, 9 de junio de 2007

Donde empieza el todo acaba la nada.

Despierto en el interior de una caja. No sé cómo he llegado hasta aquí. La caja tiene una amplitud aproximada de un metro cuadrado y es totalmente opaca, oscura. No consigo encontrar ningún punto por el que poder escapar de ella. Se mueve intermite, sin sentido aparente. Pasan los segundos y mi respiración se acelera, mi cuerpo se engarrota y mi imaginación se dispara. Puedo ver mil formas de locura antes de que llegue el final, pero de momento decido luchar. Nada. No consigo nada. Creo que voy a morir en el interior de un metro cuadrado de nada. Solo. Conmigo.

De repente un brusco movimiento, tal vez un golpe de viento y la caja abierta. Que fácil era. Mis temores se esfuman con la luz del sol, la preciosa luz del sol. Por fin voy a poder salir de aquel claustrofóbico zulo.

La brisa fresca consigue restablecerme. Estiro el cuello y consigo sacar la cabeza. Observo a mi alrededor. Efectivamente, a partir de ahora voy a poder disfrutar de espacio. El incesante movimiento de la caja tenía su explicación. Tenía sentido, el de la corriente. La caja navega solitaria en la inmensidad del mar, y yo dentro.

Han pasado tres días desde que despertara en la caja, sigo vagando sin rumbo y aún no he conseguido intuir presencia de vida humana, de tierra firme. Voy a morir en el mar. Es curioso pero ya no tengo hambre, sed, dolor o calor, el único sentimiento que tengo ahora es el de añoranza. Creo que echo de menos aquel tiempo en el que estuve encerrado en el interior de un metro cuadrado de nada. Solo. Conmigo.

viernes, 8 de junio de 2007

Mi primer amigo.

Tengo un nuevo amigo. Mi primer y único amigo. Le conocí hace tres días y ya somos íntimos. Es maravilloso. Los dos tenemos las mismas aficiones, las mismas inquietudes. Hemos estado las últimas 72 horas juntos, cada minuto y cada segundo; no nos hemos separado desde que nos conocimos...

Han pasado ya cinco días desde que conocí a mi nuevo amigo y cada día que pasa nuestra relación es más especial. Pienso que estamos compenetrados al máximo. No es atracción sexual porque tengo muy clara mi tendencia pero sí puede decirse que el cariño que siento hacia él es desproporcionado. Tal vez, seguramente sea porque es mi primer y único amigo...

Mes y medio llevo disfrutando segundo a segundo nuestra amistad. Es increible pero aún no hemos pasado un solo instante separados el uno del otro y lo más soprendente de todo, lo verdaderamente extraño, es que tampoco hemos sentido la necesidad de alejarnos, de descansarnos...

Tres meses. Quiero matar a mi amigo. Miro su cara y me vinen a la cabeza miles de formas de cometer un asesinato, algunas incluso desconocidas. Miro su cuerpo triste, demacrado y sólo puedo pensar en maltratarlo, en utilizarlo como saco con el que consolar mis golpes de odio. En introducirlo en una especie de pulidora gigante y observar sentado junto a él como se descompone suave mientras suplica por su vida, por nuestra amistad única y especial.

No puedo explicar como he transformado la devoción por mi amigo en este odio exacerbado, tampoco me importa. Todas mis energías están puestas en eliminarle...

Han pasado ya varias horas desde el trimestre recién cumplido de nuestra amistad y ha llegado la hora de acabar con esta farsa. Mi amigo me sigue queriendo como el primer día pero eso no importa. Ya no. Estoy muy animado, excitado incluso. Miro a mi amigo con amabilidad y le comento que tiene que morir, es irremediable, necesario. Mi amigo parece no alterarse, intuyo que conocía ya cual era su destino y que por ello lo asume con asombrosa entereza. Tampoco podía esperar menos de él. Todo está dispuesto. Saco el arma que guardo desde mi anterior amigo y se la ofrezco. Mi amigo, que entiende mi gesto la coge, sin titubeos se la aplica en la sien. Su amor por mi hace el resto.

Es una experiencia asombrosa la que acabo de vivir. Creo que ahora mismo no podría ser más féliz. Este precioso momento he de agradecerselo sin duda a mi antiguo amigo. Voy a echarle de menos...

Tengo un nuevo amigo. Mi primer y único amigo. Le conocí hace tres días y ya somos íntimos...

Mi primera experiencia.

En algún lugar del siglo XXI. Camino perdido y solitario en la oscura noche, lejos, muy lejos de mi hogar. A las 3 de la madrugada todas las luces duermen excepto una, el centelleo de un pequeño letrero que anuncia y promete que sólo allí encontraré el paraiso perdido. Tengo frio y entro.

Todas las luces brillan excepto una, se acerca a mi. Cariño, ¿quieres subir conmigo?. ¿A dónde?. Al cielo. ¿Sabes volar?. Sí. ¿En serio?. Sí, sube conmigo, te lo mostraré.Subo con ella, andando. ¿Dónde vamos?. A una habitación, allí estaremos más cómodos. Entro.

Tenía razón, estamos muy cómodos. Me recuesto ligeramente sobre la cama que tiene un aspecto extraño, como ella. ¿Estás preparado?. No, tengo miedo.

Se coloca frente a mi en posición vertical apoyada sobre la punta de sus pies. Me mira fijamente a los ojos.

Parece que va a volar y vuela. Se eleva un centímetro sobre la superficie y permanece levitando poco más de tres segundos. Eternos. Seguidamente y sin previo aviso deja de levitar para caer fulminada sobre el suelo de la habitación que amortigua el golpe con un ruido ensordecedor.

Perdona, ¿te pasa algo?. Sí, está muerta. Seguramente haya muerto por el esfuerzo de levitar durante 3 segundos o por el hecho de haberse abierto la cabeza al caer, pero tampoco tengo tiempo para comprobarlo así que le dejo mucho dinero encima de la cama y me marcho de la habitación extrañamente excitado.

Al bajar, otra mujer mucho más elegante que la anterior me ofrece volver a subir pero yo no lo tengo claro, me niego con rotundidad. ¿Seguro?, puedo hacer lo que tu me pidas. ¿Sabes volar?. Si, sube conmigo y te lo mostraré. Vamos. El mismo proceso, de nuevo fulminada.

Han pasado 3 horas y ya sólo queda un angel en el paraiso.
La ultima,la mujer más bella. Me ofrece subir. No. Piensatelo, puedo hacer cualquier cosa. ¿Sabes volar?. No. ¿Que sabes hacer entonces?. Sé follar. No me lo creo. Te lo demostraré, sigueme. La sigo no muy convencido.

Llegamos a su habitación. Entramos. Observo que encima de una mesa situada en el fondo de la habitación, apoyada contra un enorme ventanal que deja pasar la mínima luz rosada que emite el cartel del exterior, una jaula encierra un precioso gato negro que me mira fijamente. Yo estoy nervioso y muy excitado. La mujer bella camina hacia mi, que estoy recostado sobre la cama a la espera de los acontecimientos, me mira. Se desnuda. Evita mirarme. Se echa sobre mi que sigo incluso más excitado que antes. Follamos. Hacemos el amor salvajemente mientras el gato, inquieto, observa todos nuestros movimientos. Volvemos a follar. Era cierto, no me ha engañado pero lo mejor de todo, lo más sorprendente, es que he disfrutado mucho más que con el resto de mujeres. Eso y que esta mujer aún sigue con vida. Le doy las gracias y alguna moneda, me despido.

Bajo. En el piso inferior no queda ya nadie. Todo permanece en silencio. Me marcho.Desde aquella noche soy cliente habitual de los paraisos perdidos pero he dejado de buscar ángeles con los que volar. Demasiado caros.