Mi primer pasajero. Pincha para escuchar el audio basado en este texto
Soy un hombre de mi tiempo y vivo en consecuencia. Si me solicitas, no puedo. Si me recomiendas, no quiero y si me dices, no estoy. Individualista, egocéntrico y narcisista. Onanista y egoísta. Así soy yo. Oscuro. Rebelde. Triste, muy triste.
Sin embargo, no solo de carencias vive el hombre, así que tal día como hoy decidí agarrarle la mano a una mujer. La sensación inicial no fue agradable. Hube de acompasar mi marcha a una inusual y angustiosa parsimonia. La textura áspera de su mano me producía aversión. Su aspecto, compasión. Aguanté por convicción, por la poderosa conclusión de que este suplicio resultaría en no volver, jamás, a agarrarle la mano a una mujer. Y ese día llegó. Y yo no la solté.
Mi tiempo cobró sentido. Me descuidó la soledad y me abrazó la necesidad. El amor me bautizó en una nueva vida, sublime y divina.
Así de feliz era yo hasta que caí gravemente enfermo.
Sentí un dolor terrible en el abdomen, un dolor nunca y siempre antes sentido por ningún ser de este u otro planeta. Una cruel descomposición de adrenalina, pasión, cariño, ansiedad, angustia y aflicción. Era como un nacimiento en mi interior.
El médico me diagnosticó hipocondría y me recetó indiferencia. No me ayudó. Acudí a un intrépido cirujano, que tras mirar pausadamente mi vientre, pidió permiso para entrar. Adelante doctor. Acomódese. De mi desorbitado estómago brotaron miles y millones de exóticas mariposas que organizadas en columnas dibujaron un excepcional mosaico de luz y de color. No para cirujano y ayudantes, que confundidos pero horrorizados, abandonaron la estancia. Yo permanecí rígido, inmutable. Anestesiado. Las mariposas tomaron serenamente el dormitorio y todo lo que habitaba en él.
La luz tornó en oscuridad. Poco a poco cubrieron mi cuerpo, y se alimentaron de él. Devoraron todo rastro de humanidad. No dejaron indicios, ni siquiera de ausencia.
Así es como volví a ser bautizado. En la más absoluta soledad. Enfermo, sin necesidad.
Engullido por mi propio amor.

