Mi primer día. Pincha para escuchar el audio basado en este texto
Acabo de llegar. Pequeño y viscoso. Ruidoso. Grotesco. Tres minutos de vida y mi primer problema. No estoy bien rodeado.
Descanso en un cuarto oscuro y mugriento mientras observo como tres adultos y dos cosas, mugrientas y oscuras, me veneran sin apenas conocerme. Sus ojos muestran la patética ternura de quién cree tener ante si el rostro de la inocencia. Me dais asco. Y llanto. Pero gracias, por fin consigo respirar...
Mi padre, un ser despreciable. Inmaduro. Inseguro. Violento. Mi madre, viste ropa ajustada y muy colorida. El pelo recogido, la piel tintada. Los dientes ennegrecidos. La sangre, recién derramada. Dos hermanos como dos lunas. Grises. Cubiertos de cráteres. La mujer que me ha tenido y me tiene. La distribuidora. Mañana ya no me sirves.
Hola señora, ¿dónde se cambian las familias?. No imagino que clase de futuro me puede proporcionar este tipo de gente, incapaz siquiera de proporcionarme un presente. Tengo que huir urgentemente.
El ininteligible ruido que emite el megáfono del hospital desconcierta al personal de la habitación 33, mi habitación. Un momento de descuido que aprovecho para saltar y escapar. Vuelo hasta el suelo. Corro y corro, luego ando, termino gateando. He conseguido desplazarme algunos metros, meritorios pero insuficientes para mi propósito. Ante todo dignidad, me giro derrotado y espero mi humillación. Las risas. La mofa. Sin embargo me obsequian con el peor de los castigos. Dulces sonrisas y afectuosas miradas.
Llegados a este punto...
Descanso en un cuarto oscuro y mugriento mientras observo como tres adultos y dos cosas, mugrientas y oscuras, me veneran sin apenas conocerme. Sus ojos muestran la patética ternura de quién cree tener ante si el rostro de la inocencia. Me dais asco. Y llanto. Pero gracias, por fin consigo respirar...
Mi padre, un ser despreciable. Inmaduro. Inseguro. Violento. Mi madre, viste ropa ajustada y muy colorida. El pelo recogido, la piel tintada. Los dientes ennegrecidos. La sangre, recién derramada. Dos hermanos como dos lunas. Grises. Cubiertos de cráteres. La mujer que me ha tenido y me tiene. La distribuidora. Mañana ya no me sirves.
Hola señora, ¿dónde se cambian las familias?. No imagino que clase de futuro me puede proporcionar este tipo de gente, incapaz siquiera de proporcionarme un presente. Tengo que huir urgentemente.
El ininteligible ruido que emite el megáfono del hospital desconcierta al personal de la habitación 33, mi habitación. Un momento de descuido que aprovecho para saltar y escapar. Vuelo hasta el suelo. Corro y corro, luego ando, termino gateando. He conseguido desplazarme algunos metros, meritorios pero insuficientes para mi propósito. Ante todo dignidad, me giro derrotado y espero mi humillación. Las risas. La mofa. Sin embargo me obsequian con el peor de los castigos. Dulces sonrisas y afectuosas miradas.
Llegados a este punto...