Mi primer hogar. Pincha para escuchar el audio basado en este texto.
Yo no bebo para olvidar, yo bebo porque me gusta recordar a mi manera. El gris se vuelve dorado a través de una cerveza. La mesura se torna pasión cuando la empapas en vino y ¿el whisky? El whisky contiene vida, todos llevamos una persona distinta dentro de él.
Algunos dicen que ya no me conocen y yo siempre les digo lo mismo: sabes dónde encontrarme, pásate y vuelve a intentarlo. No prometo nada.
Cada noche soy un hombre distinto. Los lunes astronauta, los martes don nadie, los miércoles ingeniero y los viernes bebedor. Siempre viajando y creando. Cuando no estoy en la Luna estoy diseñando el camino para llegar a ella. O, en su defecto, para volver a casa.
En el trayecto veo cosas. Indiferencia, desprecio o compasión. Borrones coloreados y verdades a medias. Callejones estrechos en coches anchos. Imanes verticales sobre suelos de papel. Me siento de cristal. Demasiada agitación para tanta fragilidad.
Entre voces y sombras tantean mis pasos. Pueblo arriba, pueblo abajo. Ojos al cielo, manos al suelo. Va a ser complicado regresar.
Me dejo llevar por el murmullo de la mar.
Vivo en el agujero de cincuenta pesqueros. Al norte de ninguna parte, al extremo del infinito. Todos la misma persona, hermanos de soledad. Zombies de serie B matando el tiempo. Me siento naufragar, demasiado ligero para tanta tempestad. Necesito no pensar.
De lejos me llega el eco de un sonido extraño. Bajando la calle, detrás de aquellas casas, donde habita el Océano. Un rumor hipnótico. La noche es joven y yo no tanto. Iré a ver.
El puerto suele atrapar los restos de algún lugar. Metales oxidados, maderas corroídas y perros sin collar. Nada especial.
Por eso ahora, mientras me mira fijamente a los ojos, justo esta noche, encallada en el embarcadero una ballena azul de casi treinta metros de longitud , yo no puedo reconocer si es real. Necesito respirar.
Su piel emite calor animal y aspecto de sinceridad. Sin embargo ¿Qué sentido tiene un ser vivo más grande que mi hogar?¿Dos pulmones como dos habitaciones? ¿Un corazón más grande que mi salón? ¿Habrá venido a morir o habrá venido a por mí? ¿Se muere ella o me muero yo? No importa, parece un lugar acogedor y yo me siento explorador. Esta noche dormiré en tu interior, y mañana, si aún estamos aquí, moriremos los dos.
Algunos dicen que ya no me conocen y yo siempre les digo lo mismo: sabes dónde encontrarme, pásate y vuelve a intentarlo. No prometo nada.
Cada noche soy un hombre distinto. Los lunes astronauta, los martes don nadie, los miércoles ingeniero y los viernes bebedor. Siempre viajando y creando. Cuando no estoy en la Luna estoy diseñando el camino para llegar a ella. O, en su defecto, para volver a casa.
En el trayecto veo cosas. Indiferencia, desprecio o compasión. Borrones coloreados y verdades a medias. Callejones estrechos en coches anchos. Imanes verticales sobre suelos de papel. Me siento de cristal. Demasiada agitación para tanta fragilidad.
Entre voces y sombras tantean mis pasos. Pueblo arriba, pueblo abajo. Ojos al cielo, manos al suelo. Va a ser complicado regresar.
Me dejo llevar por el murmullo de la mar.
Vivo en el agujero de cincuenta pesqueros. Al norte de ninguna parte, al extremo del infinito. Todos la misma persona, hermanos de soledad. Zombies de serie B matando el tiempo. Me siento naufragar, demasiado ligero para tanta tempestad. Necesito no pensar.
De lejos me llega el eco de un sonido extraño. Bajando la calle, detrás de aquellas casas, donde habita el Océano. Un rumor hipnótico. La noche es joven y yo no tanto. Iré a ver.
El puerto suele atrapar los restos de algún lugar. Metales oxidados, maderas corroídas y perros sin collar. Nada especial.
Por eso ahora, mientras me mira fijamente a los ojos, justo esta noche, encallada en el embarcadero una ballena azul de casi treinta metros de longitud , yo no puedo reconocer si es real. Necesito respirar.
Su piel emite calor animal y aspecto de sinceridad. Sin embargo ¿Qué sentido tiene un ser vivo más grande que mi hogar?¿Dos pulmones como dos habitaciones? ¿Un corazón más grande que mi salón? ¿Habrá venido a morir o habrá venido a por mí? ¿Se muere ella o me muero yo? No importa, parece un lugar acogedor y yo me siento explorador. Esta noche dormiré en tu interior, y mañana, si aún estamos aquí, moriremos los dos.
